Páginas

Probando

Probando

sábado, 28 de julio de 2012

COMPETENCIAS Y e-ACTIVIDADES


En cualquier iniciativa formativa -tanto presencial como virtual- además de establecer unos objetivos de aprendizaje realistas, coherentes y bien redactados, es imprescindible desglosarlos por competencias.

Un concepto cuya definición varía según la perspectiva desde la que se aborde. Un término que se asocia con “Ser capaz de...” o “Saber hacer...”. Si lo expresamos en términos empresariales, el conocimiento teórico sería el KNOW mientras que la competencia se correspondería con el KNOW HOW.

El desarrollo  competencias es un factor clave en la mejora del desempeño profesional. Aumentan el rendimiento y la eficiencia de los empleados y por tanto, optimizan el uso del tiempo y la productividad alcanzada.

Un aspecto a tener muy cuenta por quienes proveen formación on-line, puesto que el e-learning, y siguiendo el camino  trazado por la U.E. en la Estrategia de Lisboa, es un instrumento esencial en el Aprendizaje Permanente y la Formación Continua de los empleados (Lifelong Learning, LLL).

Las competencias también son vistas como un puente entre las habilidades manuales y las capacidades intelectivas. Un concepto amplio y flexible -como puede verse en la figura 1- que admite muchas clasificaciones o taxonomías.


No obstante, de manera general se considera que dichas competencias no deben limitarse al individuo sino que tendrían que ir asociadas a la comunicación -social, familiar y profesional- y a la manera en que dicho sujeto se relaciona -o trabaja- con quienes forman parte de su entorno.
Y así las denominadas competencias laborales van un poco más allá del know how e involucran la autonomía, la adaptación al entorno y la transferencia del acervo personal.

La definición de estas competencias laborales plantea un desafío a la Educación ya que muchas de ellas aún no han aparecido. Y cuando surgen el ritmo de crecimiento es tan rápido que en menos tiempo del necesario para diseñar modelos formativos que las desarrollen ya se han consolidado como un requisito imprescindible en todo C.V.
Esto ya ocurrió con las competencias TIC, que hace no más de una década eran un complemento que mejoraba la empleabilidad del individuo. Y que sin embargo, ahora no son un valor añadido sino un requisito sine qua non para la mayoría de los trabajos disponibles.

Y otro grupo de competencias que se han vuelto indispensables son las competencias comunicativas. El trabajo en equipos multidisciplinares y pluriculturales obliga a aprender a ser tolerante y a buscar nuevas formas de comunicar aquello que se desea transmitir.
Y en el desarrollo de ambos ámbitos, la formación e-Learning es la modalidad educativa más apta.


Una educación que deberá dirigirse no sólo a la inteligencia cognitiva sino también a la inteligencia emocional y a la inteligencia social del estudiante para asegurar el éxito de la iniciativa.
El aprendizaje se refuerza cuando el proceso se sustenta en el trípode “pensar-actuar-pensar”. Esto es, reflexionar antes de pasar a la acción y analizar después de manera crítica y reflexiva cómo se ha actuado para corregir los errores cometidos.
En este contexto, la creatividad, la innovación, la  proactividad y la acción espontánea y reflexiva son los elementos que deben combinarse en la acción formativa para conseguir un desarrollo efectivo de las competencias establecidas en el Plan de Acción Tutorial.

Unas competencias que serán tanto más importantes cuanto mayor sea la complejidad de la integración disciplinar del proceso. Una integración que evoluciona desde la multidisciplinariedad hacia la transdisciplinariedad en la que ya no hay límites entre disciplinas diferentes.
Una tarea con dimensión global que sólo puede abordarse mediante el trabajo en equipo eficiente y bien organizado. Y para que esto pueda llevarse a cabo es necesario no sólo adquirir conocimiento sino también ser capaz de transferirlo y construirlo colaborativamente. Es decir, hay que desarrollar competencias educativas.


Un desarrollo competencial que se evaluará mediante un seguimiento formativo integral e interdisciplinar en el que junto con la valoración de la consecución del objetivo o logro de aprendizaje, se determinará cómo se ha trabajado para alcanzarlo (compromiso con el equipo, iniciativa, habilidad analítica, organización personal y temporal).

Un proceso evaluador que empieza con un diagnóstico previo de necesidades formativas y puntos fuertes del estudiante; continúa con el seguimiento formativo comentado antes y se cierra con una evaluación sumativa. Evaluación que no se dirige a “calificar” sino que se concentra en la retroalimentación. Un feedback cualitativo personalizado en el que se oriente al alumno para que supere sus debilidades y mejore su autogestión del aprendizaje.

Evaluación centrada en el estudiante que además será multiagente, ya que en ella se combinarán la autoevaluación (el alumno es crítico hacia su trabajo), la coevaluación (los miembros del equipo valoran su rendimiento, organización y nivel de compromiso) y la heteroevaluación (los e-tutores evalúan el grado de cumplimiento y el desarrollo de competencias).

Una evaluación cuyo objetivo final no es el control sino la mejora continua. Descubrir puntos débiles o errores cuya resolución permitirá ofrecer una formación de mayor calidad.

Conocida la importancia de las competencias y establecidos los mecanismos para su evaluación, es el momento de describir cómo pueden diseñarse programas didácticos basados en competencias.

El diseño formativo por competencias se basa en la teoría de los Cuatro Pilares de Delors que enlaza con los nuevos movimientos pedagógicos en los que se pretende desarrollar la creatividad y el pensamiento divergente de los alumnos. Un proceso que tiene lugar en un entorno de libertad y autogestión, mediante un método mayéutico en el que el docente se convierte en un guía o mentor cuya función es orientar al alumno para que descubra sus talentos internos y desarrolle todo su potencial. Y una vez alcanzado su potencial, que aprenda a fijarse nuevos límites que le hagan superar esas fronteras antes vistas como inalcanzables.

Un procedimiento de desarrollo personal que se apoya en cuatro principios formulados como competencias (Ser capaz de..., Aprender a...) cuya progresión se refleja en la figura 4:

  • Aprender a conocer (Sabiduría o Adquisición de conocimiento) El estudiante descubre cómo aprender de sí mismo y de la información exterior. Adquiere un dominio de los instrumentos del conocimiento más que del saber en sí. Y refuerza su memoria y su imaginación desarrollando el pensamiento libre, creativo e innovador.
  • Aprender a hacer (Habilidades prácticas y Desarrollo aptitudinal): El conocimiento que no se aplica de nada sirve como ya nos recordaba Platón: “El que aprende y aprende y no practica lo que aprende, es como el que ara y ara y nunca siembra”
  • Aprender a estar/convivir (Actitud ante sus acciones y frente a los demás): El aprendizaje no es un proceso individual que el estudiante realiza aislado. Es un proceso cooperativo, una construcción conjunta del conocimiento basada en el intercambio justo y honesto. El trabajo en equipo -y aprender a desarrollar tolerancia, comprensión y actitud autocrítica- es pieza clave para el éxito. Una cooperación que no se limita al ámbito académico-profesional sino que se extiende al entorno social o cultural.
  • Aprender a ser (Desarrollo integral de la persona): Abarca todo lo que es un ser humano y todos los papeles que desempeña tanto en su contexto íntimo como social. Se inculca una actitud crítica constructiva y reflexiva que permita al individuo conocerse a sí mismo. Y conseguid esto, que después facilite la proyección social  de ese auténtico yo.

Un modelo pedagógico por competencias cuyo método crítico de cuestionamiento permanente es la mejor alternativa para abordar los retos de la educación en una época caracterizada por:

  • la rapidez y magnitud de los cambios (tanto en contenido como en medios),
  • el carácter multidisciplinar del conocimiento,  
  • la necesidad de trabajar con una cantidad inmensa de información que deberá clasificarse,
  • las exigencias de desarrollar múltiples habilidades y una capacidad inmediata de adaptación a nuevos entornos multivariables,
  • prestar atención a la diversidad de perfiles y de estilos de aprendizaje, y por
  • la influencia de la tecnología (y sus avances) como vehículo de transmisión del conocimiento.

Un modelo cuyo contexto se muestra en la figura 5.


Una vez caracterizados los principios del modelo pedagógico, ¿cómo definir un currículo formativo enfocado hacia el desarrollo competencial?

En primer lugar hay que identificar las competencias educativas asociadas a los objetivos de aprendizaje. Unas competencias educativas que pueden clasificarse en 3 grandes grupos: Básicas, Genéricas (o Transferibles) y Específicas (o Técnicas)

1. Competencias Básicas: Están asociadas a los comportamientos y niveles fundamentales (o basales) de conocimiento que debería tener todo individuo. Sus principales características pueden verse en la figura 6.



Unas competencias que se integran en los itinerarios formativos básicos de nuestro sistema de educación obligatoria según se muestra en la figura 7.



Ocho competencias básicas de referencia establecidas por la U.E. que han sido traspuestas a nuestra normativa nacional en los RD que aparecen en la figura 8:


2. Competencias Genéricas o Transferibles: Caracterizan comportamientos y actitudes relacionadas con la comunicación o las exigencias profesionales (tanto prácticas como teóricas) del puesto considerado o del contexto laboral en el que se desempeña la actividad. Habitualmente se clasifican en 3 grupos: Instrumentales, Interpersonales y Sistémicas.

2.1. Instrumentales: A su vez pueden dividirse en: Metodológicas, cognoscitivas, tecnológicas y lingüísticas.

2.2. Interpersonales: Mejoran los procesos de interacción social y comunicación.

2.3. Sistémicas: Permiten al individuo ver cómo las partes de un todo se relacionan y se agrupan, combinando Conocimiento, comprensión y sensibilidad.


Una lista personal con las principales competencias genéricas identificadas en cada uno de los grupos anteriores puede consultarse en este documento enlazado.

3. Competencias técnicas o específicas: En este último grupo se sitúan aquellas competencias relacionadas con conocimientos o habilidades de carácter científico-técnico específicas de una determinada función o titulación académica. Son imprescindibles para el desempeño de dicha función/profesión y cohesionan el programa formativo concreto.


B. Identificadas la competencias, se pasa a desarrollar una formulación y estructuración correcta de las mismas. Y hecho esto se construyen los Árboles de Competencias.
Partiendo de una Macrocompetencia se desglosa en competencias y a éstas se les asocian los logros y sus correspondientes indicadores de evaluación de cumplimiento.

Así se desarrolla un modelo basado en competencias que no sólo es aplicable al alumno, sino que también abarca la actuación el docente. De hecho, las principales competencias que debe desarrollar un docente para convertirse en un tutor on-line  que cumpla correctamente con sus funciones de motivador y e-moderador en proyectos formativos e-learning han sido definidas por la UNESCO tal y como puede verse en la figura 9.




Unas competencias que se han adaptado en un decálogo básico que facilite la adaptación de los docentes al uso de las TIC en sus aulas:



Profesores que serán auténticos docentes 2.0 como se muestra en la figura 11.





Después de haber definido los modelos educativos por competencias pasaremos a hablar de las herramientas que permiten desarrollarlas: las e-actividades:

  • Una e-actividad puede definirse como una acción que los estudiantes llevan a cabo en completa relación con los contenidos e informaciones que les han sido ofrecidos.Y siempre que dicha tarea se desarrolle o se transfiera a través de Internet.

  • Se caracterizan por ser interactivas y dinámicas y por involucrar a un grupo de estudiantes y no sólo a un individuo.
  • Mediante ellas se consigue que el aprendizaje sea un proceso constructivo y activo, y no un mero procedimiento memorístico.

Estas e-actividades además de estimular la motivación del alumno, favorecer su sociabilidad y la involucración en el aprendizaje cooperativo también son útiles para:

  • Clarificar los contenidos de la unidad didáctica.
  • Profundizar en la materia estudiada
  • Mejorar la capacidad de organización individual.
  • Permitir la aplicación de lo aprendido al entorno social o laboral del alumno.
  • y por supuesto, facilitan el desarrollo de las competencias educativas haciendo posible que el alumnado Aprenda a aprender.

Unas e-actividades que han de ser Pertinentes, Significativas, Concretas y Útiles.
Y unas e-actividades que no se colocan al azar en las unidades didácticas de los programas e-Learning. Estas tareas, elementos imprescindibles para la consecución de los objetivos de aprendizaje, se distribuyen en secuencias de dificultad progresiva siguiendo alguno de los modelos de diseño propuestos como el Modelo de 5 pasos de Gilly Salmon cuyas características y escala de complejidad y factores implicados puede verse en la figura 13.


Las e-actividades pueden clasificarse en 8 categorías siguiendo la taxonomía de Bloom y se han definido hasta 15 tipos de ellas según su finalidad o dinámica de trabajo. Ahora bien, para seleccionar qué e-actividades son más adecuadas para nuestro proyecto formativo en particular hay que tener en cuenta varios criterios:

  • Considerar cuáles son las tareas más habituales que se desarrollan en el campo científico, técnico o artístico en el que se enmarca la iniciativa
  • Tener en cuenta los estilos de aprendizaje y los perfiles de los estudiantes (presentes y futuros) tanto en nivel de conocimientos, como en habilidades tecnológicas y en desarrollo profesional.
  • Profundizar en el conjunto de capacidades y competencias que se trata de desarrollar en el alumnado.
  • Equilibrar el esfuerzo realizado por el alumno y el aprendizaje conseguido.
  • Valorar el efecto motivador de las mismas y el carácter interactivo y cooperativo de las dinámicas de trabajo establecidas.
  • Disponer de instrumentos para una evaluación sencilla, completa y adecuada a la finalidad de la tarea.
  • Pensar en las características técnicas de la conexión y del equipo informático disponible.

Y sobre todo, escoger una combinación de tareas virtuales en la que haya diversidad de metodologías y variedad de planteamientos tanto en las e-actividades personales como en las sociales. Y esto no será difícil de conseguir si se tienen en cuenta las características de las  cinco e-actividades presentadas en la figura 14.
Si haces clic en la ilustración representativa de cada categoría, descubrirás un retrato de sus principales rasgos distintivos. Disfrútalo.





Muchas gracias,

domingo, 15 de julio de 2012

Calidad en eLearning


"La calidad nunca es un accidente; siempre es el resultado de un esfuerzo de la inteligencia"
(John Ruskin)

Un binomio de apariencia simple el que bautiza esta nueva entrada de mi blog. Un envoltorio sencillo para un contenido más que complejo.
Difícil sería dar una definición de este término en el que confluyen componentes objetivos y elementos subjetivos. Una pareja de palabras para evaluar un producto que es un proceso. Un proceso en cuya construcción intervienen diseñadores, proveedores y clientes (alumnado). Un proceso que aún se complica más cuando a las características pedagógicas hay que añadirles los componentes tecnológicos del ecosistema virtual en el que se desarrolla el aprendizaje.
Estos inconvenientes, unidos a la relativa novedad del e-Learning, han hecho que aún no se haya encontrado una definición común y completa de este atributo. Ahora bien, aun sin ofrecer una definición, sí que es posible  ir acercándose a ella mediante una travesía por los siete mares digna de la pluma de Stevenson. Comencemos pues, la búsqueda del tesoro: E-Quality Quest.

La primera bahía en la que recala nuestro navío es la Bahía Calidad. ¿Qué podemos encontrarnos en esta concurrida ensenada?

La historia de Calidad arranca mucho antes de lo que puede pensarse. Ya desde la más remota Antigüedad muchas fueron las civilizaciones que se asentaron en esta urbe. Por aquel entonces, estas sociedades artesanas se centraban en hacer un producto único que satisficiera al cliente y al creador por el trabajo bien hecho.
Una visión orientada al producto que permaneció hasta la Revolución Industrial del siglo XIX cuando empezó a tener en cuenta el proceso de producción.
Y no fue hasta acabada la Segunda Guerra Mundial, tras los modelos tayloristas de trabajo y la producción en línea de Ford,  cuando se cambió el rumbo y se desarrolló una imagen “moderna” de Calidad.
En 1947, Deming estableció en Japón el “Sistema Integral de Calidad ” que abarca el diseño, la producción y la comercialización del producto.
Y entrada la década de los 50 -sobre todo gracias a los trabajos de Kaouru Ishikawa- se desarrolla el “Sistema de Calidad Total” basado en la mejora continua y en la satisfacción tanto del cliente como del  proveedor como claves para la ventaja competitiva.
En 1954, Juran introduce el control estadístico de la calidad que pasa a ser un elemento más de la política estratégica de la empresa.
En las décadas de los 70 y 80 el término Calidad sigue ampliándose hasta abarcar todos los ámbitos de la empresa y el proceso total de los servicios proporcionados por las Administraciones Públicas. Construyéndose en este periodo el andamiaje del sistema de excelencia EFQM que se desarrollaría después.
Precisamente, la mejora demostrada en la competitividad de las empresas que se preocupan por la calidad, conduce a que en el año 1987 empiecen a diseñarse las primeras normas internacionales de calidad ISO.
Una calidad que desde los años 90 se consolida como elemento estratégico y se orienta hacia el cliente (tanto interno como externo).

La cronología de los principales cambios sufridos por este concepto se recogen en la siguiente figura:



Y en la siguiente tenéis  un resumen de las principales definiciones de calidad y de su influencia en el logro de la excelencia, meta última de este atributo.



Concluida la primera etapa del viaje, levamos anclas y nos dirigimos al segundo destino de la ruta: el archipiélago e-Learning.

Educación virtual o e-Learning también conocida como formación que usa la tecnología como medio de transmisión y vehículo de aprendizaje-enseñanza. Ahora bien, ¿qué es tecnología? Pues según Drucker la palabra tecnología “es un manifiesto en cuanto combina “techne” -el misterio de un arte manual- con “logos” o saber organizado, sistemático y con un fin determinado".
Por tanto, e-Learning es una realidad compleja en la que intervienen el saber, la habilidad y los medios disponibles. Un archipiélago cuyas islas han cambiado mucho su orografía en menos de  un siglo tal y como podéis ver en la siguiente línea temporal:



Unas fisonomías que se han transformado aún con más rapidez en las últimas décadas, evolucionando de e-Learning hasta el cooperativo We-Learning.


Un proceso de reordenación “geológica” que no se ha detenido pues, como se refleja en la figura 5, sus procesos internos siguen avanzando tanto en conceptos como en herramientas en una progresión continua que dificulta un poquito más la unificación de la definición de su calidad. Una evolución continua en la que cambian tanto las decisiones de los facilitadores de formación como las actitudes y perfiles de sus receptores.


De este modo, muchos han sido los cartogramas que han tenido que dibujarse para orientar la navegación en este archipiélago. El 1.0 perdió su utilidad años atrás. El 2.0 se corresponde bien con la realidad y aún son bastantes los años que permanecerá en uso. Y el 3.0 todavía está en fase de construcción pero ya empieza a ser usado en algunas travesías.

Y descritos las dos etapas intermedias del itinerario, es el momento de hablar del último puerto de la travesía: Calidad eLearning.

La calidad de un proyecto e-Learning está ligada obviamente a la calidad educativa. Pero ¿qué es calidad educativa?
La UNESCO la define mediante: “La calidad de la educación en tanto derecho fundamental, además de ser eficaz y eficiente, debe respetar los derechos de todas las personas, es relevante, pertinente y equitativa. Ejerce el derecho a la educación, es esencial para desarrollar la personalidad y para poder  implementar eficazmente  los otros derechos”.

Sin duda, una definición demasiado genérica que bien puede sustituirse por esta otra bastante más operativa.
La calidad educativa puede definirse como la coherencia entre:
a) Las finalidades del aprendizaje, esto es, objetivos y competencias cuyo desarrollo se ha “prometido”.
b) La garantía de dinámicas y metodologías educativas adecuadas, y
c) Los resultados del aprendizaje alcanzados por el alumnado.

Un concepto que ya se acerca más a la valoración buscada, pero que todavía es insuficiente.
En ella sí entraría el componente pedagógico del e-L pero dónde iría  el resto de elementos imprescindibles para evaluar la calidad de un programa didáctico virtual, que según Frydenberg (2002) serían estos 9:
1. Compromiso institucional
2. Infraestructura tecnológica
3. Servicios estudiantiles
4. Diseño instruccional y el desarrollo de los cursos
5. Enseñanza y servicios al profesor
6. Entrega o “delivery”
7. Finanzas
8. Reglamentación y cumplimiento con leyes
9. Evaluación

Esta pluralidad de elementos es responsable parcial de que aún no haya un acuerdo respecto al concepto de calidad en los entornos virtuales.
La otra parte de la responsabilidad recae en que el “producto” de la industria e-learning es un proceso que construyen varios agentes. Una construcción colaborativa que implica un elemento aparentemente intangible: la subjetividad.
Y es que,  en palabras de Claudio Dondi, “la percepción de la e-calidad está influida no sólo por el sector, el papel y los valores de cada uno de los agentes implicados sino también por su visión personal del mundo y del e-Learning”.
No obstante pese a estos problemas para definirla, sí que se es consciente tanto de la necesidad de medir la calidad de los programas e-Learning como -y esto es aún más importante- de la posibilidad de hacerlo.
Y para ello se han desarrollado algunos modelos de evaluación interrelacionados tal y como puede verse en el siguiente esquema:



Modelos Socio-Económicos:

Hay dos elementos enlazados con este enfoque, destacados por Doughty y Tavistock (1998):

  • Análisis coste/beneficio: comparando costes y resultados.
  • Estudio coste/eficacia: comparando costes con cumplimientos de objetivos e inversión necesaria.
Es decir, estos métodos evaluativos se centran en factores económicos, de rendimiento de inversión y diferentes tipos de costes.
Pero estos planteamientos se amplían hacia los modelos de Calidad Total en los que el concepto de beneficio abarca el aspecto económico y elementos asociados a organización, comunicación y dinámica de trabajo. Para estos modelos un proceso formativo e-learning debe contribuir a desarrollar tanto a la organización como a los usuarios y a la sociedad en general.
La aplicación de estos modelos se lleva a cabo mediante la adaptación de la normativa de calidad a las peculiaridades de la formación on-line.

En este grupo también está el Modelo de Evaluación e-Learning Benchmarking desarrollado por la Dirección General de Educación de la UE. Este modelo pretende aportar criterios e indicadores de calidad basados en las buenas prácticas. Y su propósito es conseguir unos estándares de excelencia que sirvan de referencia para poder comparar centros u organizaciones en cuanto a su calidad en dichas prácticas.

Modelos Tecnológicos:
Centrados en valorar la calidad de las plataformas tecnológicas a través de las cuales se implementa el e-learning. La evaluación de las mismas se orienta a la valoración del grado de adecuación de su oferta a las características del modelo de formación e-learning deseado.
Una posibilidad de evaluación de la calidad tecnológica de una propuesta e-Learning vendría dado por los criterios e indicadores recogidos en el siguiente árbol criterios/indicadores:



Modelos Pedagógicos
A la evaluación e-learning desde una perspectiva pedagógica se le han aplicado modelos provenientes de la formación presencial, reproduciendo en mayor o menor medida modelos, enfoques, métodos de investigación y técnicas de recogida de datos, aplicados en la educación formal. Los modelos de evaluación de programas educativos clásicos han sido recurrentes, por tanto, a la hora de plantear propuestas pedagógicas de evaluación de e-learning, de ahí que con frecuencia se recurra a modelos tales como los de Stufflebeam (CIPP) (1987), Kirkpatrick (1999), Vann Slyke y otros(1998), etc.

Modelos Psicológicos
Las Teorías del Aprendizaje sirven de base, tanto para el diseño pedagógico de la formación "en línea" (on line), como para propuestas de evaluación de los aprendizajes y recursos tecnológicos. Las Teorías del Aprendizaje basadas en el Conductismo, el Constructivismo Cognitivo y el Constructivismo Social son las principales teorías psicológicas que en las últimas décadas han sustentado y fundamentado los procesos instructivos en la formación "en línea".


No obstante, ninguno de estos modelos es completo ni útil por sí solo para describir el puerto Calidad e-Learning. Esto ha supuesto que haya tenido que valorarse el atributo calidad desde una nueva perspectiva que al igual que los modelos e-Learning 2.0 haga del alumno el centro del proceso:

El “modelo subjetivo de calidad e-Learning” de Ulf-Daniel Ehlers se estableció a partir de un estudio en la universidad alemana de Duisburg-Essen. A partir de los resultados de una encuesta oral sobre preferencias en cursos e-learning completada por 2000 estudiantes se desarrolló un modelo de trabajo que agrupaba 153 factores de calidad en 30 dimensiones de calidad e-Learning distribuidos en las siguientes 7 áreas de trabajo (Ehlers y Pawlowski, 2006):

  1. Apoyo del tutor
  2. Colaboración
  3. Información disponible
  4. Estructura del curso
  5. Elementos didáctico-pedagógicos
  6. Tecnología
  7. Coste-Beneficio

En este modelo, Ehlers desarrolla el concepto de calidad orientado hacia el alumno. Según este enfoque, el desarrollo de la calidad de un programa formativo consiste en la búsqueda de un equilibrio un entre procesos y procedimientos por un lado y valores y decisiones normativas por otro.
En consecuencia, la calidad puede entenderse como el conjunto de actividades y procesos dirigidas a mejorar el proceso de aprendizaje. Un proceso de aprendizaje que es una co-producción entre alumnos y contexto formativo.
Un concepto de calidad definido a partir del concepto de aprendizaje expansivo de Holzkamp (2004) y de la interacción entre las teorías constructivistas e instructivas. Y un proceso debe abordarse como un proceso de negociación entre los diferentes agentes implicados en el diseño y planificación del programa y los sujetos-objetivo del mismo.

En esta concepción de la calidad, los estudiantes juegan un papel activo e imprescindible, siendo sus demandas y su visión claves para alcanzar el “éxito”.
Desarrollar un concepto de calidad centrado en el estudiante implica tener en cuenta la situación personal-cognitiva del individuo, así como sus recomendaciones y sugerencias, como punto de partida en el proceso de diseño y puesta en práctica de un entorno formativo e-learning.

Y además de esa noción de co-producción del proceso de aprendizaje, hay otros cuatro motivos que justifican la visión de la calidad orientada al estudiante y entendida como proceso de acuerdo o negociación (Gnahs, 1999):
1. Razones económicas: Tanto en lo referente al desembolso que el alumno debe hacer como en lo que respecta al sacrificio de tiempo libre para participar en la acción formativa libremente elegida.
2. Razones pedagógicas: Desde un punto de vista didáctico, el proceso de aprendizaje reduce su base instruccional y se centra más en la pedagogía de la experiencia.
3. Razones sociales: El desarrollo de la sociedad del conocimiento, innovadora y competitiva, es un elemento clave para centrar los procesos de aprendizaje en los alumnos.
4. Los nuevos escenarios o ecosistemas de aprendizaje virtual abiertos a los entornos 2.0 en busca de la auténtica comunidad de práctica en la que el aprendizaje fluya con total libertad impregnado de un carácter colaborativo

Ahora bien, este concepto de calidad formativa no implica hacer aquello que los estudiantes desean sin más. La calidad tal y como la plantea Ehlers implica concebir el programa formativo partiendo de un amplio conocimiento de la situación de los alumnos de sus currícula, de sus niveles previos de conocimiento, de sus metas y de los contextos sociales en los que se desenvuelven.
Por tanto se vuelve imprescindible es tener en cuenta la diversidad de los alumnos tanto en capacidad como en estilo de aprendizaje y uno de los errores más frecuentes en e-learning es tratarlos como grupos homogéneos (Schulmeister, 2004).
De este modo, la única opción de alcanzar un nivel de calidad con parámetros “tan subjetivos” son los espacios educativos abiertos (Open Learning Environments, OLEs) que permite a los alumnos explorar sus propios itinerarios formativos y así satisfacer sus necesidades individuales.
Y para poder dar una una definición homogénea de calidad en estos entornos de aprendizaje, y conducir a la fijación de unos criterios e indicadores comunes, puede recurrise al denominado Octógono de Khan.
Un conjunto de 8 factores imprescindibles para desarrollar un Ecosistema de Aprendizaje en programas formativos basados en e-tecnologías. Dichos factores están interrelaciones y son interdependientes y su análisis y valoración permitirán diseñar propuestas formativas equilibradas, sólidas y coherentes tanto pedagógica como técnicamente.
Los 8 elementos de dicho marco referencial son:
  • Factor Institucional
  • Factor Pedagógico
  • Factor Tecnológico
  • Factor de Diseño de la Interfaz (Navegabilidad, accesibilidad y usabilidad)
  • Factor de Evaluación (Global de la Propuesta y Específica del Aprendizaje)
  • Factor de Gestión y Desarrollo
  • Factor de Soporte
  • Factor Ético, en cuanto al respeto a la propiedad intelectual y en lo referente a la privacidad y seguridad.

Y una vez alcanzada una definición consensuada de calidad, nos faltaría desarrollar los mecanismo necesarios para implantarla y evaluarla en la propuesta formativa desarrollada como auténtico cofre del tesoro de nuestra búsqueda.


Es decir, desarrollar la Política de Calidad e-Learning que seguiremos. Y descrita la estrategia, pasar a establecer los Objetivos de Calidad, el Plan de Gestión Calidad, el Aseguramiento de la Calidad, la Evaluación, el Control y la Mejora Continua y los demás elementos cuyo desarrollo cronológico, relaciones y contenidos se recogen en el siguiente mapa conceptual:




Espero que las velas de vuestros galeones  no se hayan rasgado durante la navegación ni que vuestras goletas hayan perdido su arboladura antes de haber llegado hasta la X del mapa. La X que esconde el tesoro de la Calidad e-Learning.

Muchas gracias.